ESTUDIOS
Si fuiste impactado con la Palabra
de Dios y necesitas oración,
escribenos aqui
Se puede llegar a tener en abundancia las bendiciones de Dios en la medida
en que se está dispuesto a recibir. Este principio bíblico queda demostrado en
el segundo libro de Reyes capítulo 4, cuando una viuda pobre y desamparada
fue al profeta Eliseo para contarle de su desgracia; no solamente quedó en la
ruina total por la muerte de su marido, sino que además uno de sus
acreedores, conforme a la costumbre y leyes de aquel entonces, le amenazó
con llevarse a sus dos hijos en pago. El profeta lejos de darle una ayuda, o
preguntarle que le faltaba, le preguntó qué es lo que tenía en casa, a lo que ella
respondió: una tan sola vasija de aceite.
En los momentos más agónicos y desesperantes de la vida, cuando los
recursos escasean y lo que hay es muy poco o insignificante para resolver, una
vez que lo ponemos en las manos de Dios, lo poco que tenemos puede ser el
principio inagotable de percibir las abundantes bendiciones de Dios en todo
sentido. Dos insignificantes pececillos y cinco panes de mala calidad fueron
suficientes para saciar a una multitud una vez que se tuvo en cuenta la
presencia de Dios y la fe para desprenderse de aquello.
Eliseo le dijo a la viuda que fuera por todo el vecindario y pidiera prestadas
vasijas vacías, y le recalcó que no fueran pocas. El deseo de Dios es
colmarnos de ricas y abundantes bendiciones, pero también es necesario ser
diligentes y tener la suficiente fe para poseer las riquezas inagotables de Dios.
Aquella pobre mujer obedeció e hizo conforme le dijo Eliseo, lo interesante de
notar en todo esto es que en última instancia fue ella misma quien determinó
cuánto iba a ser suficiente, ya que el profeta incluso le sugirió que las vasijas
no fueran pocas. Cuando ella se encerró con sus hijos y empezó a llenar con su
única vasija, las vasijas vacías, la Biblia dice que al no haber más vasijas
vacías el aceite cesó. Insisto, la escasez, promedios o abundancia, la
determinamos nosotros en la medida de nuestra fe y diligencia. Las
bendiciones cesan cuando pedimos con las manos cerradas.
Una vez que el milagro de abundancia se había dado, el profeta le dice: Vende
el aceite, paga tus deudas y tú y tus hijos vivan con el resto. En mi apreciación
el milagro se complementa en esta segunda fase, aquí es donde está la chispa
que puede encender la gran hoguera. En este caso el “resto” no es lo que
sobra, sino más bien la gran diferencia que genera bendición tras bendición.
Un principio estabilizador en todo este trámite es prestar atención al asunto de
pagar las deudas, como le dijo el profeta a la viuda que hiciera, una vez que
hemos cubierto nuestros compromisos y sagradas obligaciones estamos en la
perspectiva correcta. El diezmo que pertenece a Dios no siempre lo pagamos,
a veces somos deshonestos en nuestros compromisos financieros, o
simplemente estamos en deuda cuando solamente nos gusta recibir pero no
dar. Pagar las deudas puede ir desde ser respetuoso hacia los demás, hasta
honrar a los demás siendo sinceros y honestos.
El resto al cual el profeta se refirió, no fue el sobrante, sino la bendita provisión
de Dios que vale más que todos los haberes terrenales. El resto es a lo que
Pablo se refería cuando dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, o
cuando afirmó: “Mi Dios pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus
riquezas en gloria en Cristo Jesús”. El resto es vivir por fe, sin afanes ni
ansiedades, sabiendo que todo lo demás vendrá por añadidura.
Abre tus manos para recibir, determina y recibe las bendiciones de Dios. La
verdadera riqueza no está en lo que tenemos, sino en lo que hacemos con lo
que tenemos. Llena con tu vasija todas las vasijas, paga lo que debes, a lo
mejor es amor, respeto, consideración o aprecio hacia los demás. A lo mejor
has recibido mucho y estás dando nada. Pobre es aquel que vive acumulando
y que no tiene una relación con Dios. No te olvides que dando es como
recibimos, pero también recuerda que recibimos de acuerdo a nuestras
posibilidades. No se puede recibir con las manos cerradas, y tampoco se
puede recibir con una mentalidad de pobreza. No se puede ser de bendición
sin haber sido bendecidos primeramente por Dios, quien es el dador de toda
buena dádiva y todo don perfecto.
Tú determinas cuánto es suficiente
PASTOR CESAR CASTILLO